sábado, 16 de agosto de 2014

En Once hay historias. Nenes llorando evocan a sus madres, el helado al caer al suelo les hace acordar que su madre ya no está. No son niños abandonados, pero en Once las madres aparecen y vuelve a desaparecer, nadie es alguien y alguien es nadie. Sigue llorando, como personas diminutas en un sinfín de calles, y aparece su madre: ¿por qué te sueltas de mi mano, hijo? No pueden responder, porque hay cosas que no tienen una respuesta, por eso el llanto. Los anuncios de los carteles les distraen, pero no cualquier anuncio sino aquellos que se pegan arriba; esos que son diminutos como ellos, los blancos con letras de colores y mensajes concisos: en once hay muchos que quieren masajes privados; y los nenes no los entienden y lloran porque mamá tiene que hacerle masajes en un cuarto al chofer del 132.
La foto es simple y concisa: los corpiños de la bolita, los añillos de los negros, el paraguayo que mira el culo, y la mina con el culo abierto, santuarios de San la muerte con merca, merca y mucha, el pete con grasa de chipá y requesón; y no, como olvidarme del exiliado judío  echado de la supremacía racial que terminó vendiendo tela en calle Junín y hace 20 años volaba su pito cortado.

¿Y, qué pasó con el nene que lloraba porque su madre desapareció por chupar pija? Qué importa, si ésta pronunció las palabras prohibidas. Entonces pienso en cada una de las historias de Once y concluyo que las palabras molestan más que la historia en sí. Poco importa saber cómo la mina llegó a tener el culo abierto o por qué una mujer vende un corpiño y la merca es la merca; y los demás… La variación del lenguaje es lo que importa y la bolita está exprimida por 20 pesos el corpiño, ¿el negro necesitará conciencia lingüística o vender 50 anillos por día? Y así pasa el día, y el nene sigue llorando: la evocación a la madre petera no sirvió de nada y un nuevo padre aparece -Rubén interno 15 línea 132: en tiempos libres limpia cañerías a domicilio- dispuesto a explicarle al pibe que si no sos macho a lo sumo, lo menor, te rompen el culo.
El nene crece y le rompen el culo igual;  y ahora logró personalizar su identidad: otra vez el lenguaje, ahora puede poner que es poliamoroso, puto y trans. No se pierde ninguna charla de encapuchadxs y le declara la guerra al heterocapitalismo. ES EL LENGUAJE. TENDRÉ QUE CULTARME O HUIR (El Borges poéta no era conservador).

La historia le escapa al lenguaje, porque importa más cómo está contada de lo que sucede en sí, y Once sigue en la mugre.

1 comentario:

  1. El lenguaje sin embargo crea imágenes, y esta imagen es realmente estremecedora, pero a la vez es bella, en el sentido de que el retrato es muy fiel a tu percepción (y a la de muchos otros) y eso transmite mucho a quien la lee.

    ResponderEliminar