sábado, 26 de octubre de 2013

Monologo sobre ti

Tantas veces sintiéndome una persona solitaria, creyéndome que en la ausencia de cariño mutuo era el destino de esta cruel supervivencia; apareció.  Al principio, creí que las largas conversaciones eran una imaginación recurrente que me inventaba. Al tiempo, con cautela, fui acostumbrándome a la idea de que yo también podía manejar una relación sana y estable, y que aquellas conversaciones eran una prueba más del cariño que íbamos construyendo.
Extensas noches mirándonos y sabiendo que eso era todo, pasábamos.  Recuerdo una pequeña parte de un poema de Jorge Luis Borges “Estar contigo o no estar contigo, es la medida de mi tiempo” pues, así contigo yo me siento.  Mirarte, tocarte, hablarte, respirarte, sentirte es todo lo que deconstruye  y vuelve a construir a mi solitaria persona.  Tan poco solitaria ahora que no me da vergüenza gritarlo.
Hoy has querido cebar el mate. Luego de larga cavilaciones –ya que es mi, digamos, pasión preparar el mate- te dejé hacerlo y mirándote con enamoramiento, vi como de a poco te dirigías hacia la cocina y prendías la hornalla, y tus ojos se perdían en la llama. No habrá pasado más de cinco minutos, pero quizá para mí fue eterno porque la expectativa me mantenía inquietante. Golpeabas tus pies sobre los cerámicos a ritmo de una vieja canción y yo decidí cerrar los ojos para recrear la melodía, aunque a decir verdad muy bien no me salía. Pero esas cosas carecen de importancia o al menos solemos creer. Tu vista seguía en la llama. Es lo que más me gusta de ti ¿cómo es que te maravillas con algo tan sencillo, tan efímero? Y acaso eso, puedes transformarlo en algo tan profundo que quiera perderme en aquel mundo contigo.
Volviste y con una sonrisa me diste el primer mate, atónito te miré y sorbé.
-¡La puta que lo parió, le puso azúcar al mate! Le diré que lo nuestro se terminó. 

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