jueves, 1 de agosto de 2013

Carencia de título.

Quizás las inconformidades de aquellas sensaciones abruptas determinen un límite y demuestren un nuevo mapa de cicatrices e historias no reveladas de desasosiego.  Estas inconformidades se vuelven a renovar, toman energías, fuerzas, un impulso mayor con el correr de cada nueva madrugada y caen así al vacío interior del cuerpo en cada desolada noche ausente de calidez.
El exterminio de la comodidad se desborda en los mares tenebrosos de las profundidades subterráneas, es decir, de la propia oscuridad de uno. Pareciese ser que es más facilista una actitud desbordante de angustia; el aislamiento y las constante formas fetales son satisfactoriamente más llevaderas.

He aquí una vivencia de un deseo carnal.
La ausente melodía de la madrugada había reflejado aquel día, los ruidos chillones –bocinas, teléfonos, timbres, gritos, aullidos desolados- habían caído las anteriores nueve noches nubladas. Aquí, en esta ciudad no puede uno, ni siquiera, sobrevivir – había pensando hacia sus adentros y redoblado la apuesta con una cucharada de café más. Lo suave es para los débiles.  ¡Qué mentira me estoy construyendo!  -vuelve así a pensar  y hacer su monólogo interior: Hace ya, contando los cuadrados inútiles del almanaque, 20 días que no salgo de esta acogedora casa. El mundo se ha vuelto un lugar extraño y las caras de las personas se parecen a las pinturas de Francis Bacon, algo de aquí no me ha de gustar.
No está acostumbrado a la felicidad y a las sensaciones satisfactorias, no es que no las quiera, simplemente por temor las alejó y ahora la tristeza es su automatización. El viento es frívolo y casualmente hacen una relación conflictiva con sus apoderados pensamientos de invierno húmedo y constante visiones de paredes sin revocar.  Los paseos de atardecer ya no lo hacen sentir como antes, ni una pura sensación cálida absorbe su cabeza, transmitiéndola así a su mirada.  Las infusiones  -té, mate amargo, café fuerte- es lo único que llegan a darle un momento tan deseado de tranquilidad, pero aún así, supone él que la vida no se llena de aquellos momentos.  Y es así como un deseo desesperado de carnalidad exabrupto lo ha manipulado dejándolo atontado.
He aquí como un quinto piso con foco al vacío denota más –volviendo al círculo sin fin- calidez que una hermosa sonrisa. 

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